miércoles, 10 de agosto de 2011

‘París – Nueva York – Reus’

Cada vez estamos más cerca del final, del final del principio, ya saben: asumir el cáncer.

Un nuevo placebo (vendrán más): la compra de deuda de España e Italia; Alemania, Holanda, Austria, se opone, aunque sus políticos más políticos digan otra cosa: ¿por qué han de contribuir con sus dineros ganados con tanto sudor a sostener en el sitio en el que les han puesto a quienes, por como son, no deberían estar?. Es el mismo razonamiento que con Grecia, pero ESP e ITA son mucho más gordas.

‘El pasado siempre pasa factura’: España e Italia (y Grecia, e Irlanda, y Portugal) no debieron entrar en el euro pero se les metió buscando masa crítica y porque eran fuentes de negocio; ahora la composición de la masa, su calidad, es fundamental, y en esas economías ya no queda negocio para hacer, luego, ¿para qué han de seguir dentro?, al menos, ¿para qué han de seguir dentro al completo?, si hay regiones o trozos de regiones que sean útiles y convenientes, vale, si no …

No es que sea egoísmo, es supervivencia: ¿qué le reporta a una corporación alemana gastar fondos en España o Italia si sabe que en su casa también hay problemas, si sabe que en el mundo hay problemas?. Porque, ¿dónde rinde más un marco, ¡huy, perdón!, un euro, ¿en qué estaría yo pensando?, invertido en mejorar la logística del puerto de Hamburgo o en intentar evitar que la prima de riesgo de España no supere los 350 puntos?. Y por cierto, que el BCE compre deuda española e italiana lo que supone es un clavo más en el ataúd de la independencia de España e Italia.

En el fondo, pienso que lo que se está poniendo encima de la mesa es la conveniencia / posibilidad de un ‘new euro’. El concepto ‘euro’ no va a desaparecer porque el concepto ‘grupo’ ya se halla por encima del concepto ‘individuo’; guste o no guste vamos -ya estamos yendo- hacia la coordinación y la colaboración, pero una coordinación y una colaboración en la que cada miembro ha de aportar a fin de obtener, y un euro como el actual no cumple con esas características, es decir, o se crea un ‘new euro’ que equivalga a, por ejemplo, 0,60 old euros, o a unos cuantos países se les interviene y se les fija una oferta monetaria que bajo ningún concepto van a poder superar, o a una serie de países se les dice bye, bye. ¿Yo que pienso?, que vamos a la segunda opción: a la geometría variable.

Por eso a esas economías ‘de segunda’ se les pide consolidación fiscal, también aumento de la competitividad, para que reduzcan un déficit que obliga a que con dineros de las economías de primera se tenga que comprar deuda de estos de segunda para que crezcan algo vendiendo fuera lo que sus empresas no van a poder vender dentro. Es bastante hipócrita, ya: podrían decir abiertamente: ‘Hey, tíos; tenéis que reducir el gasto público bestialmente, en lo que os de la gana, pero sobre todo en lo que no incida en la actividad económica directa, es decir, mejor que hagáis un tren y que recortéis protección social; y subir impuestos: IVA y cosas así; y reducir costes laborales: como no podéis aumentar la productividad ni hartos de vino debido a que no os sale a cuenta invertir en base a lo que fabricáis, recortando salarios y cotizaciones sociales, algo os bajarán los costes de fabricación’. No, no lo dicen así porque la población se enteraría demasiado rápido demasiado fácilmente, y aún conviene que cuanta más gente posible piense que algún milagro es posible, como que el partido que va a ganar las próximas elecciones ‘va a arreglar las cosas’.

Sí, efectivamente: se sigue comprando tiempo; al fin y al cabo como se paga con dinero …

(La Hacienda española (ya no se dice Real) va a solicitar un adelanto del IRS a las grandes empresas. ¡Cómo recuerda eso a los préstamos que los Habsburgo españoles pedían a los banqueros alemanes!).

(Los disturbios de England. Veremos más, y no, pienso que no son como los de París 2005: entonces aunque en los banlieue había problemas -los sigue habiendo: más- Europa iba bien. Y no, pienso que tampoco son los de England de mediados de los 80: había crisis, pero las expectativas eran todas: el Capitalismo Popular de Ms. Thatcher. Ahora Europa va mal y el Capitalismo Popular lo venden en alguna tienda de saldos del Soho. No es nada organizado, ni siquiera, pienso, es la desorganización organizada; es la percepción de que el modo de hacer está liquidado y no hay nada más allá. The England Riots: esto, pienso, no es como los jóvenes sentados en una plaza, es algo que se parece más a lo que veremos; no tendrá demasiadas consecuencias, ya, pero estará más en la línea. ¡Ah!, y no olviden que a lo largo de la Historia England siempre ha marcado las tendencias, y, también en estas cosas, la experiencia es un grado).

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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