viernes, 30 de diciembre de 2011

Mensaje en una botella

Ya, Luis Mandoki, 1999. No es por el argumento, si no porque la botella también es el mensaje.

Hace unos días un amigo me envió un mail en el que reproducía otro mensaje:

“Mira esta carta de una periodista que trabajaba conmigo y yo no le podía pagar lo que se merecía, porque yo creo que debería cobrar unos 2.200 euros/mes que con la seguridad social, vacaciones y pagas se ponía en un coste de unas 3.400 - 3.500 euros por hacer cuatro periódicos al mes, lo cual era imposible. De momento se marchó a Inglaterra y esto me cuenta. Es no buena, super buena. Modestia aparte, me aguantó mis neuras en los últimos tres años de carrera que hizo las prácticas conmigo y luego anduvo por varios diarios hasta que le pedí me viniera a echar una mano. Cumplió a rajatabla y si algún día tuviera un proyecto de Comunicación importante, ella lo dirigiría y cobraría no 2.200 sino el doble. Pero claro, ese supuesto proyecto daría suficiente valor añadido para poder pagar eso.

‘Nombre de mí amigo), yo no creo que Rajoy vaya a sacar España de la crisis. En primer lugar, porque (un comentario bastante peyorativo sobre el próximo Presidente del Gobierno) para hacerlo, y en segundo lugar porque Europa, si no se disuelve o nos expulsa, va a ser quien establezca las directrices que debe seguir el Gobierno español. Que ganó por “incomparecencia de contrario”, como dices tú, lo sabemos todos. De hecho, aún no ha revelado cuáles van a ser sus “medidas mágicas” para sacar al país del atolladero.

¿Por qué ahí no estoy dispuesta a trabajar en lo que sí trabajaría aquí? Por lo siguiente: Tú en España trabajas en (nombre de un restaurante) de camarero y te jubilas sirviendo bebidas. Aquí, ese restaurante pertenecería a una cadena. El mercado laboral, aún en tiempos de crisis, es tan ágil que en uno o dos años estás de supervisor, en tres de assistant manager y en 5 de manager de tu restaurante cobrando 38.000 libras al año que, en euros, son casi 50.000, lo que no ganan muchos ejecutivos en España. Y, si además eres ambicioso y te da por estudiar algo, tu propia cadena te saca del restaurante y te mete en Head Office.

Además, tu currículum aquí sirve para algo. Es decir, yo mañana me vuelvo a España y, después de dirigir un semanario, hablando tres idiomas, con una licenciatura y otra en camino y cursos de doctorado, tendría que empezar de cero: a cobrar por pieza en (nombre de un periódico español). Aquí no es así. Si alcanzaste un estatus, te llamarán para trabajos similares. Resumiendo: la diferencia entre España y Reino Unido es que aquí, al menos hasta ahora, hay o había más futuro.

Mira (nombre de mi amigo), tengo amigos muy borricos aquí en Londres. Gente que se vino hace 5 u 8 años porque en España no los contrataban ni en MacDonald´s. Hoy son TODOS jefes. Unos de tienda de ropa, otros de restaurante… Además, hablan inglés, lo que les permitiría irse a trabajar a Alemania, Australia o a Finlandia, llegado el caso. También tengo amigos con mucho talento. Si se hubiese quedado en España, con suerte, seguiría en (nombre de otro periódico), cobrando un buen sueldo, sí, pero trabajando de sol a sol. Aquí trabaja la mitad y cobra el doble. (Nombre de un conocido de mi amigo y de quien le escribe) estudió Magisterio, aquí es representante de su colegio en el sindicato de Profesores, jefe de los Departamentos de Español y Nuevas Tecnologías y también da clases. Trabaja dos semanas y descansa una, además de las vacaciones. Sueldo: más de 2.000 y pico libras al mes (unos 2.700 euros). Ya se ha comprado una casa. ¿Qué hubiera sido de él en España? Con suerte, habría aprobado las oposiciones y tendría plaza en a saber Dios dónde. 1.400 euros, a descontar el alquiler. Vamos, que ni punto de comparación.

También debo reconocer que yo llego al país en tiempos muy difíciles, ahora ya no se encuentra trabajo de un día para otro, pero es algo que ya sabía. Que encontrar algo me llevará mínimo 2 meses. Ahora bien, una vez tengas el primer empleo la cosa cambia. Anteayer me llamaron para un trabajo y no me enteré de nada. No entendí ni de qué compañía eran. Una y no más. La próxima llamada que reciba les digo que les oigo mal y que mi teléfono no funciona, que me envíen la información por mail. Andando y aprendiendo. Ayer en una cafetería no me contrataron porque no controlaba la máquina de cafés. Cosas de los ingleses. Me voy a echar más currículums y a apuntarme a un curso de inglés que es gratis. Me costó encontrarlo, pero lo conseguí. Ahora espero que tengan plaza’”.

No se fijen en los detalles, sino en el trasfondo: ‘allí’, y tanto da dónde sea ese allí, existe un dinamismo que aquí no existe. Y no se crean, 38.000 pounds en Londres no da para ir en Bentley, pero tampoco eso importa demasiado ahora; lo que importa es que esa carta podría haber sido escrita en los 50 por un español que hubiese emigrado a Argentina.

Estamos empeorando, todos, pero algunos más.

El 2012, ya. Pienso que peor que este que termina: a la inercia que arrastraremos procedente de la caída del 2011 se sumará el impacto de las medidas que se irán tomando a lo largo del año, para cumplir ese compromiso del -0,5% de déficit estructural, sí; para hacer aflorar las porquerías de las entidades financieras, también; para sanear de empresas inviables y sus deudas corporativas impagablesen un escenario de crédito imposible; para que las verdades de USA, de China, de Brasil vayan emergiendo. Y todo eso ocasionará decrecimiento, más desempleo, más inseguridad, más protestas; y represión.

Pienso que el 2012 será un año feo en el que no es que vayan a pasar cosas esencialmente peores que las que han ocurrido este, pero sí que las consecuencias de las cosas sucedidas van a ser tremendas y ello va a ocasionar malestar y empobrecimiento. Año feo, decía, en el que se producirá el despertar definitivo, y como será,‘o esto o esto’, y como las revoluciones ya no están de moda, tras cuatro gritos y dieciséis porrazos, la gente acabará diciendo, ‘Pues esto’, y ya está.

Que tengan una buena salida y también una buena entrada; y como decían en cada capítulo de aquella serie: ‘Tengan mucho cuidado ahí fuera’.

@sninobecerra

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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