miércoles, 2 de mayo de 2012

Así sólo vamos a un lugar, ¿por qué no cambiamos ya de vagón? - I

El inicio de la Depresión puede expresarse de una forma muy simple: se dieron a la vez una crisis de sobreproducción y otra de subconsumo; con los instrumentos de política económica entonces disponibles la crisis -sistémica- estaba servida. Ahora, de otras maneras, está sucediendo algo que se le parece muchísimo.
Hasta que en Francia empezó a plantearse la posibilidad de que M. Françoise Hollande ganase las elecciones presidenciales el camino, con protestas de los PIIGS incluidas, era único: la limpieza, la reducción del déficit, el desapalancamiento. La fórmula no era discutida: no gastar lo que no se tiene y recortar y subir impuestos a fin de enjugar el saldo negativo existente y pagar lo que se debe. Desde que parece claro que en Francia habrá cambio de presidente están empezando a salir voces contrarias al plan en marcha. Y siempre es lo mismo: se pone como ejemplo la recuperación que está habiendo en USA.
Pasado mañana hablaremos de USA con más detalle, pero vaya por delante que Europa no puede hacer lo mismo que USA porque a USA le sostiene el resto del mundo y a Europa no le sostiene nadie; de lo que se deduce que USA va a tener unos problemas de pánico cuando ese resto del mundo no pueda seguir sosteniéndole, pero eso es otra historia. Europa, decíamos, sólo cuenta con ella misma y con lo que pueda intercambiar por ahí; poco más.
Por tanto, pienso que en Europa no debe poner en marcha una política generalizada de más gasto porque perdería la credibilidad que tiene, y, además, no puede hacerlo porque la capacidad de endeudamiento de Europa y de las empresas, de las entidades financieras y de las familias europeas está agotada: a-go-ta-da (la de USA también, pero recordemos: le sostienen).
M. Hollande ahora que está en campaña dice muchas cosas (recordemos al actual presidente del Gobierno del reino: ‘No van a subir los impuestos’), cuando esté residiendo en el Palais de l'Élysée, si llega a estarlo, veremos que dice cuando le muestren números que ahora no está autorizado a ver.
Lo que es totalmente absurdo es pretender que, en medio de una crisis sistémica, un país reduzca su déficit ocho puntos en cuatro años, y es absurdo porque no se puede a no ser que se recurran a métodos hoy no admitidos. Se puede vender la idea, utilizarla como herramienta propagandística, pero no se puede conseguir porque es imposible; y claro, cuando se quieren recoger los frutos de lo que se puso en marcha a partir del supuesto de que tal cosa se conseguiría, sucede lo que sucede: crecientes precios a pagar para que te compren la deuda pública, desconfianza absoluta de que esa economía vaya a poder pagar lo que debe y exigencia creciente de recortes de gasto y subidas de impuestos. Todo ello lo que deriva es en mala gaita, peleas entre los socios y empobrecimiento rampante de los-que-siempre-pagan: la gleba, el pueblo, la ciudadanía: los nombres cambian pero el hecho de ser los que pagan permanece.
Si quieren, lo que viene, llámenlo una vía alternativa, tanto da. Pienso que, a la vez, a-la-vez, a partir de ya deberían darse cuatro pasos: 1) en este batiburrillo actual hay algo se tiene dejar muy claro, 2) es imprescindible llegar a un acuerdo y cumplirlo, 3) es menester hacer un pronunciamiento y 4) es inaplazable abordar tres tareas.
Lo que hay que dejar claro: que a nadie se la va a echar del euro y que nadie se va a ir del euro porque a nadie le conviene que nada de eso ocurra.
El acuerdo: realizar planes de reducción del déficit a medida para cada país miembro del euro (fíjense en que digo ‘miembro del euro’, los demás de la UE ya veremos después que pasa con ellos). Planes: ‘tienes que hacer esto y no hacer lo otro; y lo tienes que hacer sí o sí, ¿vale?’. A medida: no son iguales las recetas que debe aplicar España, Grecia o Francia para reducir su déficit. Alemania, pienso, aunque atina en el final al que debe llegarse y tiene muchos recursos, carece de ideas para salir lo menos tocados que sea posible de este atolladero.
El pronunciamiento: no hay un año único de llegada para todos ni al 3%, ni al porcentaje que sea; la cifra y el año ya se decidieron a principios de Febrero: el -0,5% en el 2020. Hay que tomar eso como referencia y aplicar esos planes a medida para cada país para llegar ahí.
Las tareas (recuerden: tienen que hacerse a la vez y en todos los miembros del área euro): a) llevar a cabo un exhaustivo análisis del gasto: lo que se gasta, ¿se está gastando bien?, b) hacer una lista con todos los activos que tienen en sus balances todas las entidades financieras y anotar al lado el valor por los que están contabilizados y el valor real que ahora tienen en la calle, y c) confeccionar una lista de todo lo que debe cada país y a quién se lo debe, y otra lista en cada país que recoja quien debe qué a quien.
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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