martes, 27 de noviembre de 2012

Setenta y ocho

La cifra del título es el resultado de sumar las tres que Iberia (‘Líneas aéreas de España’, ¿recuerdan?) ha dado como referente es su plan de ¿saneamiento?, ¿salvación?, ¿viabilidad?: reducción del 15% de los vuelos que realiza, del 23% de su plantilla (‘fuerza de trabajo’ se decía antes), de entre en 25% y el 35% (el 30% podemos tomar) en las remuneraciones de esa plantilla. Pienso que Iberia es un muy buen ejemplo.
El pasado, pasado -dejemos aun lado que en la aerolínea, antes y masantes, se hayan hecho burradas increíbles en la gestión y que se hayan tomado decisiones alucinantes e incomprensibles-, la realidad es que las cosas son las que son, y, ¿cómo son?.

Iberia tiene un problema de ingresos: no ingresa lo que debería en base a la estructura de costes que tiene, una estructura de costes que fue la adecuada cuando la cifra de ingresos fue la que fue, unos ingresos hoy no posibles de alcanzar y previsiblemente imposibles de lograr en el futuro inmediato (y menos aún, pienso, en el lejano); luego esa estructura de costes debe ser modificada.
La dirección tiene pensado eliminar rutas y frecuencias deficitarias y reorganizar operaciones y procesos, por lo que la compañía necesitará menos trabajadores y trabajadoras, pero, además, como otras compañías pagan a su personal menos que Iberia, esta tiene que pagarles menos a fin de no incurrir en descompetitividades. Y para dar ejemplo la plana mayor se reduce su fijo en línea con lo que va a reducir el de la plantilla. Y argumenta: si esto no se acepta se prescindirá de más personal a fin de alcanzar los costes laborales deseados. Y amenaza: y si se plantean huelgas, los números planteados se retorcerán. De manual, vaya.

Iberia es un muy buen ejemplo de compañía adaptada a unas circunstancias que ya no se dan, por lo que debe readaptarse: eliminar lo que ya no y centrarse en lo que sí a costes de hoy. Lo primero tiene una lógica aplastante, claro que llevado al límite puede tener unas consecuencias tremendas: ¿por qué seguir haciendo tal cosa aunque no haya alternativa si el coste de hacer esa tal cosa nunca se va a recuperar y el ingreso que genera es de todo punto insuficiente, por lo que, como dice un refrán catalán, ‘Es más caro el relleno que el pollo’?. No piensen sólo en conexiones aéreas, utilicen su imaginación. Lo segundo abre una puerta hacia un lugar totalmente desconocido.

Hasta esta crisis sistémica y desde que a principios de los 1950s se puso en marcha el que fue nuestro modelo, el objetivo fue siempre ir a más, y para ello fue necesaria más población activa a fin de ocuparla y remunerarla para que consumiese y pagase impuestos, y para que se reprodujese y perpetuase el proceso. Pero todo eso ya ha dejado de ser así aunque se quiera continuar creyendo que sigue siendo así.
En general, menos vuelos debido a que la necesidad de desplazarse va a reducirse: las TICs, la desaparición de negocios no sostenibles, el encarecimiento del combustible, y la caída de la renta media acompañada de una disminución drástica de la capacidad de endeudamiento, pondrán de manifiesto un exceso de capacidad aérea planetaria. Lo que vendrá acompañado de una reducción de los elementos-que-hacen-posible-volar entre los que se encuentra el factor trabajo que actualmente está posibilitando que se vuele; a esto en concreto añadan la automatización de una serie de operaciones que reducirán aún más tales necesidades de factor trabajo y sumen mejoras organizativas que aún las deprimirán más. Iberia como ejemplo, pero extiendan el razonamiento.

En cuanto al factor trabajo, ¿qué puede esperarse?, pues un aumento espectacular de eso tan feo de lo que nadie habla: el desempleo estructural: un desempleo endémico y enquistado debido a que existen un montón de horas de trabajo que ya no son necesarias, lo que traducido en personas supone una parte innecesaria de la población activa, es decir excedentaria.
Y no, repartir el tiempo de trabajo no será la solución prácticamente en ningún subsector ni actividad, aunque lleve aparejada una reducción del salario: al margen de que con el reparto del tiempo de trabajo la productividad cae, se entraría en una dinámica de desempleo encubierto y de subremuneración difícil de entender y más difícil aún de aceptar.

Iberia como ejemplo, si. Iberia como ejemplo.
(Y la RL, ya ven: sirviendo para que las grandes Cias. adecuen sus efectivos humanos a sus necesidades actuales y a sus expectativas. ¿Pero se ponía en marcha para crear empleo, ¿no?).
@sninobecerra
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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