miércoles, 16 de enero de 2013

Lo que Mr. Obama debería hacer (una aproximación)


Partamos de una realidad: con un déficit público del -7,8%, una deuda pública del 98% y un déficit exterior del -3%, la economía USA va camino del desahucio. Si cualquier otra economía mostrara esas cifras se la mantendría apestada y se la amenazaría con la intervención; y se la declararía un peligro para la estabilidad internacional. Pero eso no se hace con USA.
Desde la II GM USA ha estado viviendo del resto del mundo; lo ha pagado, cierto, pero con una moneda que valía lo que USA quería que valiese; y el resto del mundo lo aceptó porque era la única forma de poder crecer. El problema, es que este tipo de situaciones tienen fecha de caducidad.
Si hoy el valor de una moneda, que tras 1971, no tiene absolutamente ninguna reserva, ha de depender del estado de la economía del emisor, ¿cuál debería ser hoy el valor del dólar USA?. Claro, inmediatamente me preguntarán: ‘El valor del dólar USA, ¿en relación a qué?’.
Cuando en los años 50 ó 60, cuando la de USA era la única economía con verdaderos ojos y cara, que le diera a la maquinilla de imprimir billetes tenía una importancia relativa porque a pesar de que el dólar como tal cada vez tuviese un valor menor la demanda de dólares en forma de bienes y servicios reales era tan alta que lo segundo compensaba de sobra a lo primero. Pero en los 80 eso empezó a dejar de ser así.
Recordemos que los Estados emiten el 5% del dinero que circula por el mundo y las entidades financieras el 95% restante. A medida que la importancia y el peso de otro-tipo-de-dinero-diferente-a-los-billetes fue creciendo y creciendo el problema se fue agrandando. USA emitía dólares, por lo que, con su economía, era responsable de esos dólares, pero como no emitía todos los dólares que se movían por el planeta, una cantidad megacreciente a partir de principios de los 90, la situación se fue haciendo cada vez más y más kafkiana a medida que el tiempo iba pasando. Y, para colmo, en su momento se aceptó que el dólar sería la moneda en la que cotizarían las commodities, con lo que el precio del crudo, por ejemplo, pasó a ser función del estado en que se hallase la economía USA.
¿Nadie vio el superlío que se estaba formado?, claro que sí, pero, ¿cuál era la alternativa?. Frenar en seco suponía interrumpir el crecimiento, y, en consecuencia, el colapso. Y ya hemos llegado a hoy.
Hoy, al inicio de una crisis sistémica estructuralmente semejante a la Depresión pero muchísimo más compleja al hallarnos en una fase postglobal, la economía USA se encuentra en un estado crítico y el resto del mundo tan mal como USA, pero para colmo USA tiene dentro de su casa un follón de pánico que evitará emitiendo más deuda en el convencimiento de que continuará siendo sostenida por el resto del mundo. (Como ejemplo la ocurrencia de la moneda de 1B. ¿Se imaginan las cuchufletas que se hubieran originado si a un economista francés o austríaco, ya no digamos español o italiano se le hubiese ocurrido emitir un euro de valor facial 1B?).
Ya lo hemos comentado: se está estirando un modo de hacer que ya no da más de sí y que ya no admite más remiendos. ¿Qué debería hacer el presidente Obama y su Gobierno?, pues dar un golpe de estado.
Pienso que debería explicar en el discurso del próximo Viernes la verdad de cómo está la economía USA y como lleva viviendo desde hace décadas: de la deuda que vende. Y también como están las cosas ahora en el país: necesitado de aumentar más la deuda para seguir.
A continuación debería explicar porqué no se aprueba ese nuevo nivel de endeudamiento: porque no se quiere aprobar una subida ridícula de impuestos a quienes tienen un ingreso cinco veces mayor de la renta media USA; asegurando que será la última vez que se recurra a esa vía que no conduce más que a una deuda mayor. A lo que debería añadir que la estructura de gastos en USA deberá ser analizada y revisada hasta lo más profundo de sus cimientos.
Luego debería convocar a una reunión a las economías que verdaderamente generan y mueven el PIB del planeta para empezar a coordinar cosas: medidas, políticas, estrategias, escenarios; y empezar a hacerlo.
Depender de la moneda de una economía que depende de que le compren la deuda que emite para financiar sus gastos equivale a llevar en el bolsillo una botella con nitroglicerina y ponerse a correr una maratón.
Lo anterior, evidentemente es un sueño, pero lo cierto es que se ha llegado a una situación insostenible, pero admitirlo ya puede suponer que se deje de estar estable.
Muy mal asunto.
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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